
17 Ene El Costo del Costco
El estacionamiento lleno, las filas interminables y esa sensación de que Costco tiene más feligreses que Catedral en domingo.

En los últimos años, hemos sido testigos de un fenómeno que ha transformado el paisaje comercial de nuestras ciudades: los estacionamientos llenos y las filas interminables en grandes cadenas como Costco, mientras que pequeños negocios locales cierran sus puertas de forma silenciosa pero permanente. La pregunta es: ¿cuál es el impacto de nuestras decisiones de compra en este escenario?
Vivimos en una era donde nuestras elecciones como consumidores tienen un peso que va más allá de nuestra satisfacción personal. Cada peso que gastamos es un voto para el tipo de economía que queremos fomentar. Pero, ¿por qué compramos lo que compramos? Mejor aún, ¿por qué lo hacemos de la forma en que lo hacemos? Pásale, siéntate y analicemos.
Primero lo primero: ¿Por qué compramos lo que compramos?
Hay algo que Costco entiende mejor que nosotros mismos: nuestras ganas de sentirnos especiales. Esa tarjeta dorada que sacas con orgullo es más que un pase a compras al por mayor, es tu credencial de «miren, también soy parte del club de los ahorradores elite». Pero espera, hay más. Costco ha sido un maestro en hacer que un hot dog de treinta pesos y un pastel gigante en domingo parezcan parte de un ritual digno de los mayas.
- Aspiración
Costco no solo vende productos; vende sueños empaquetados en cajas gigantes. En un país como México, donde el consumismo muchas veces se traduce en aspiración, tener una membresía de Costco es como tener un pasaporte social. - Comunidad
¿Cuánto tiempo has pasado en fila para esa rosca de reyes, las donitas o la mega caja de cereal? Nos encanta porque lo hacen aspiracional, porque en este club no solo compras, perteneces. Tener esa tarjeta en la cartera equivale a un: «¡Mírame, también soy del club! ¡Hablemos de lo maravilloso que es!». - Adopción Cultural
Costco no solo entiende nuestras costumbres, las capitaliza. La rosca de reyes, los pasteles imposibles de cargar con una sola mano, las degustaciones de fin de semana y, por supuesto, la reventa de pasteles. Todo esto convierte la visita en un ritual que pasa de lo funcional a lo casi religioso teniendo a Costco como su catedral.

¿Ofrece Costco el Valor que Necesitamos?
Es aquí donde las cosas se ponen interesantes. . ¿Cuánto de lo que compras en Costco realmente necesitabas? Claro, esas pantuflas baratísimas son prácticas, pero, y esas pizzas que compraste para «la familia», que al día siguiente se vuelven desayuno, almuerzo y cena porque ganó el antojo del momento (y el precio claro).
El punto es: el «valor» que Costco ofrece es una fantasía bien empacada. Lo que ahorras en dinero lo pagas en otra moneda: la desaparición de los pequeños negocios que mantenían a flote a tus vecinos.
La promesa de ahorro inmediato es un espejismo que oculta un costo mucho más alto. Cada peso que gastamos ahí se aleja de los pequeños comerciantes que sostienen nuestras ciudades. Al final, ¿qué estamos comprando realmente? Quizás no es más que un efímero sentimiento de abundancia a un precio que nuestra comunidad no puede permitirse pagar. Piensa en ello entre sorbo y sorbo de tu smoothie de mango».
¿Le Importamos a Costco?
Amigo, amiga, dejemos algo claro: a Costco no le importas. Le importa tu cartera, tu quincena y el hecho de que volverás por el super tarro de crema de cacahuate. Seamos claros: Costo no es un villano, es un negocio, y su misión no es salvar al mundo ni a tu comunidad. Su misión es venderte 48 rollos de papel higiénico con descuento.
Y sí, lo sabemos: crean empleos, pero también destruyen ecosistemas de pequeños comerciantes que no pueden competir con sus precios ni con sus promociones de 3% de cashback. Entonces, ¿qué mundo estamos construyendo cuando les entregamos nuestro dinero?

Seamos francos: a Costco no le interesa nuestra ciudad, ni la desigualdad o el cierre de pequeños negocios. ¿A cambio de qué estamos entregando nuestro dinero?
¿Qué Mundo Estamos Creando?
Cuando eliges gastar siempre y todo en una gran cadena, estás construyendo un mundo donde el comercio local es una especie en peligro de extinción.
Lo repetimos, el problema no es Costco; el problema somos nosotros. Porque cada peso que gastas es un voto. Estás votando por un sistema que prioriza lo global sobre lo local, lo barato sobre lo sustentable, lo rápido sobre lo significativo. Y mientras nos ahorramos unos cuantos pesos, el costo real es una comunidad menos diversa, menos fuerte y menos nuestra.
¿Vale la pena sacrificar al panadero local? Cada compra que hacemos es una declaración hacia nuestra propia comunidad y su futuro.
La Urgencia de una Economía Circular
Si queremos cambiar este panorama, necesitamos adoptar la economía circular. No, no es algo hippie. Es sentido común: consume local, apoya a los pequeños negocios.
Una economía circular que incentive las economías locales no es solo una opción sostenible; es una necesidad. Esto implica:
- Consumir con Conciencia: Optar por productos locales y sostenibles, apoyando a los comerciantes que son la base económica de nuestras comunidades.
- Valorar lo Nuestro: Reconocer que cada compra local fortalece nuestra economía y preserva nuestra cultura. (y claro, exijamos calidad a nuestros productores locales, sólo así creceremos).
Reflexiones Finales
Costco no va a cerrar pronto, ni debería. Tiene su lugar en el mercado ( y en nuestros corazones lo sé). Pero nosotros tenemos el poder de decidir cuándo, cómo y dónde gastar.
El cambio no se trata de eliminar lo global, sino de equilibrarlo con lo local. Porque al final del día, no es Costco quien decidirá el futuro de nuestras comunidades; somos nosotros, con cada peso que ponemos en sus cajas registradoras o en las manos de nuestros vecinos.
Antes de hacer tu próxima compra, detente un momento y reflexiona: ¿Cuál es el verdadero costo de lo que estoy comprando?
Recuerda, lo barato hoy podría salirnos caro mañana.