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Si compró por emoción ¡vuelve por emoción! Cinco factores emocionales entre tú y tu cliente


Establecer el tono de la relación que llevarás con tus clientes, es una de las pautas más importantes que marcarán la vida de tu negocio; para eso es importante considerar la gran oportunidad que es aprovecharte de los factores emocionales que se involucran entre tú y tu cliente.


Por eso mismo te presentamos cinco emociones que deberás emplear en tus futuras ventas:

 

  1. Miedo. - No te decimos que vallas y asustes a tus clientes, ni mucho menos los aterrorices con cosas que éste no quiera ni pensar, pero el miedo en sus diferentes formas, puede ser bien empleado para motivar una compra, un caso en concreto es la escasez, por ejemplo: “Solo tenemos cuatro últimos ejemplares”, “últimos días”, “no se quede sin ir, tenemos cupo limitado”, etc.

     
  2. Culpa. - Si algo hemos aprendido de los tratamientos reductores, los bancos y alguna que otra religión (por no decir de más) es que la culpa es un método de venta poderosísimo, porque apela al remordimiento de las personas, apela al “y si”, un ejemplo sería:  “De verdad va a llegar a su casa a decirle a sus hijos que este año no habrá vacaciones, que va a decirle a su mujer cuando sus hijos estén tristes. No se preocupe nosotros le ofrecemos el...”

     
  3. Amor. - ¿A quién no se le habría ocurrido vender con este método? No por nada ha habido matrimonios de docenas de años, y es que el sentido amoroso de una frase puede modificar totalmente la percepción que se tiene de un producto, por ejemplo: “Con el cariño de siempre”; “un papá que ama a sus hijos se desvive por darles la mejor educación…”; “quiérelos como él a ti…”

     
  4. Orgullo. - Este apela al ego que cada uno de nosotros tenemos, ese que nos hace saber que, como uno ninguno, y hace de la oferta diferencial un plus que además da estatus, ejemplo: “Muchos clientes llegan aquí, pero como usted ninguno”, “una cerveza para hombres de verdad…” etc.

     
  5. Codicia. - Este apela al pequeño yo acumulador que todos llevamos dentro, al espíritu ahorrador o en el peor de los casos, al avaro que de tanto en tanto surge en nosotros (sobre todo a finales de la quincena), ese al que le haces ver que en realidad al comprar ahorra dinero o al que le agregas un ítem adicional a la primera oferta y listo, la compra, por ejemplo: “si se lo lleva ahora, le haremos un descuento, por introducción de la marca”.

     

Seguramente habrá más emociones que puedan vincularse a la oferta de un producto, lo que es importante aquí es entrar en la conversación interna de tus clientes, es decir, ubicarte en su situación para saber cómo empatizar con ellos. Al final del día el mercado emocional se trata de la humanización del changarro. 

 

 

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